« - »

Doctora Milena Villarroel: “Desde el punto de vista humano la oncología ha sido un descubrimiento”

Viernes, 25 de Junio de 2010

Dra. Milena Villarroel

Dra. Milena Villarroel

Oncóloga Infantil de Clínica Las Condes nos abre una puerta para hablar de su vida no sólo como profesional sino también como madre y esposa, y las dificultades de sobrellevar el trabajo y la familia, que si bien es complejo, nunca imposible.

Corre de un lado a otro, entre el Hospital Calvo Mackenna, la Clínica Las Condes, las reuniones en fundaciones, juntas médicas, y su familia. Para esta oncóloga infantil el tiempo es escaso y debe aprovecharlo de la mejor manera. Madre de cinco hijos de entre seis y veinte años, se las arregla para poder enseñarles, ayudarlos en sus tareas y estar en los momentos más difíciles. Sin embargo, ellos también entienden que su vocación la hace ausentarse más de lo que ella misma quisiera.

Su especialidad es una de las más complicadas desde el punto de vista humano. Tratar niños con cáncer, explicarles la enfermedad y sobrellevar la presión de los padres es una situación muy difícil, pero en sus veinte años de experiencia la doctora Villarroel lo sabe muy bien.

Ingresó al Hospital Calvo Mackenna de manera circunstancial y hoy sigue comprometida con esa institución y con Clínica Las Condes, centros médicos donde reparte su tiempo diariamente. “Comencé en oncología infantil al finalizar mi formación en pediatría. En un principio me quedé porque el hospital me gustaba mucho como lugar de trabajo y la verdad que con el paso del tiempo esta especialidad me ha cautivado”, explica la doctora.

Para la oncóloga, esta especialidad desde el punto de vista médico es muy completa y gracias a ella ha estudiado la mayoría de las subespecialidades, siendo una profesión intelectualmente muy dinámica. “Me gusta mucho porque científicamente conlleva una cuantiosa investigación, pero además me ha hecho parte de un protocolo nacional de tratamiento de cáncer infantil que es un grupo cooperativo. He tenido la posibilidad de trabajar con centros en el país y en el extranjero, lo que me ha permitido establecer vínculos médicos y afectivos tremendamente positivos. Es una especialidad muy rica y desafiante”.

– ¿Y desde el punto de vista humano?

Eso ha sido un tema, un descubrimiento realmente. Es una profesión dura, fuerte, pero también uno aprende a enfrentar, a contener, a apoyar, y a convencerse de que uno siempre es médico. Es una especialidad tremendamente vinculante en lo humano. He conocido gente increíble, llena de entereza, pero también personas que admiro y que ahora tengo que tratar. A veces digo qué vergüenza, cómo voy a ayudar a esta persona que es un monumento.

Asimismo, desde el punto de vista humano ha sido aleccionador, incluso siendo capaz de enfrentar mis propios miedos, porque para que tú puedas ayudar a otra persona en el dolor, primero tienes que ver tú tema del dolor y de tú muerte. No es un asunto resuelto, pero por lo menos me pregunto cómo lo percibo, cómo lo vivo, lo que me ha acercado curiosamente a la fe.

Como en todas las cosas, la doctora Milena Villarroel reconoce que la oncología infantil tiene de dulce y agraz, siendo una de las situaciones más difíciles la de decirle a un niño que tiene cáncer. Para ello, en ambos centros asistenciales, se trabaja con apoyo psicológico y asistentes sociales que ayudan a sobrellevar este duro proceso. “Lo primero que debemos hacer como profesionales, es tomar conciencia de la edad del niño. La noticia no es igual para uno de 4 años, al que le interesara solo si le va a doler o no, en comparación a un adolescente porque para él sí es un tema. Luego hablamos mucho con los padres ya que generalmente son muy reacios a dar malas noticias. No obstante, lo más importante es hablarles a los niños con la verdad pero con prudencia, porque cuando ellos se sienten engañados la relación se corta completamente”.

– Usualmente sucede que el carácter se endurece frente a estos factores ¿A Ud le ha pasado?

No, en absoluto. En mi caso ni me ha resultado ni he visto como necesario poner barreras artificiales. Uno aprende a enfriar ciertos procesos. Porque a veces me pasaba que llegaba a la casa tan inundada de sentimientos que me costaba mucho descansar. Por ejemplo, el año pasado, además de todo esto, también hice un Diplomado en Gestión, entonces fue tremendo. Sin embargo, actualmente he tratado de crear otras instancias para relajarme.

La familia, apoyo constante

El duro trabajo en el hospital y en la clínica, ocupan la mayoría del tiempo de la doctora Villarroel. No obstante, siempre está al tanto y pendiente de sus cinco niños. Una tarea que reconoce difícil pero que gracias a sus hijos mayores y a sus dos asesoras puede sobrellevar muy bien. “Tengo unos hijos maravillosos, y sé que si llegaran a tener un problema, que es una posibilidad real, yo de inmediato me adecuaría y tendría un ritmo completamente distinto al de ahora”, explica.

La oncóloga cuenta que frente a este tema, y a todo lo que ha aprendido con su especialidad hoy vive el día a día, actitud que le ha resultado positiva gracias al apoyo de su familia, “tengo un marido maravilloso y apoyador que está totalmente comprometido con mi proyecto. Además mis hijos, especialmente los más grandes están sumamente comprometidos con la casa. La verdad que en eso he tenido mucha suerte”.

– ¿Ha ocurrido que alguno de sus hijos le replicó sus ausencias?

Sí. A veces los más pequeños me dicen que nunca los voy a buscar al colegio. Y los grandes en su oportunidad también. Me acuerdo de una vez en que repliqué a uno de mis hijos, cuando era adolescente, por un asunto en particular, y el me dijo: qué sabes tú si nunca estás en la casa. Eso me dolió mucho, pero también se que hoy no lo haría. Pese a esas cosas, estoy muy orgullosa de ellos, ya que por su comportamiento en general son personas respetuosas, con mucha conciencia social y son capaces de sopesar mi falta dándose cuenta de todo lo que hago en el trabajo.

Si bien, la doctora Villarroel es una mujer muy ocupada y en general no tiene aficiones a alguna actividad extracurricular, se encarga de compartir con sus hijos en sus ratos libres. Actividades comunes pero que hacen posible generar un relación más cercana, como ir al supermercado, salir a diversos lugares por el día, entre otras cosas. “Ahora estoy haciendo un poco de ejercicio para despejarme un rato, pero es difícil hacer una pausa en estos momentos, ya que estoy racionalizando el trabajo aquí en la Clínica Las Condes y allá en el Calvo Mackenna. Pero pienso en el futuro delegar un poco más de funciones para liberar la carga asistencial. Cuando llego temprano a la casa, hago cosas distintas, salir, ayudarlos a estudiar, darles una mano en lo que necesiten con respecto al estudio, además leo. Cosas sencillas que no puedo hacer habitualmente, pero voy hacía eso”, expresa.


Dejar una respuesta